18 agosto 2007

Miedo al cambio

Hace unos días, tomando café con unas amigas, sí, en plan tampax; una de ellas me comentaba lo mucho que le costó deshacerse de un viejo jarrón que le regaló su tía Enriqueta y que, por lo que ella decía, debía ser horrible. Según me relataba se tiró años limpiándole el polvo y cambiándolo de sitio sin el menor de los cuidados con el afán de que sufriese algún irremediable accidente y poder así quitarse de encima semejante adefesio que tanto perturbaba la paz estética de su casa, pero que nunca pudo quitar, tirar o regalar por respeto a su amada y difunta tía Enriqueta, que por lo visto, conocía sólo por cartas y al parecer era algo impertinente. Era un regalo y aunque nunca fuese a verlo colocado sería una falta de respeto retirarlo a drede, otra cosa sería si sufriese un accidente, un codazo involuntario, un inoportuno tropezón o si algún día se lo llevasen las gaviotas que nunca huvo en esta ciudad. Total, que hace unos días, su novio de por entonces durante una discusión dio un manotazo al susodicho adorno y éste, harto de tanta conspiración fallida decidió hacerse añicos y abandonar este valle de lágrimas de una manera más o menos digna; la discusión, y sobre todo el disgusto por tan irreparable pérdida fue tal que rompió la relación que tenía con el que hasta entonces fue su novio. Me contó, ya con una sonrisa ella y yo un par de jarras de cerveza, es lo que tenemos los tampax, que somos muy absorventes; que ahora tenía un cuadro precioso con una foto de la Gran Vía donde estaba el jarrón que le daba un toque muy "chic" a su comedor y de paso había conocido a alguien, que por cómo hacían chiribitras sus ojos, no debía estar hecho de celulosa sino más bien de proteínas y puede que algo de sesera (es una amiga y aún tengo fé en esas cosas)

2 comentarios:

  1. Anónimo10:53 p. m.

    Particularmente, el jarrón no me parecía tan horrible visto desde la óptica de las periódicas visitas que hacía a casa de nuestra amiga para tomar té. Aunque por la felicidad que irradia ahora la muchacha supongo que la convivencia entre ambos era tan alegre como los motivos que decoraban el jarrón.....

    Respecto a la foto de Gran Vía, la primera impresión que tuve era la de una imagen conocida. No sería justo dejarlo así. Debo decir que viendo la luz de sus ojos, creo que es la imagen con la que debería acostarse cada noche y despertarse cada amanecer.

    Ojalá todos fuesemos capaces de romper los viejos jarrones y encontrar la foto que nos haga vivir cómo realmente somos.

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  2. Anónimo1:58 p. m.

    es lo mas bonito que he leido en todo el verano (es que he vuelto a leer el principito y contra eso no podeis competir, jijiji)

    graicas a los tampax y a las amigas que ayudan a limpiar los jarrones y que te acompañan al ikea para redecorar tu vida.

    gracias a ambos

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