12 agosto 2008

Cambios

Realmente hay cosas que te cambian la vida: la caída de los abdominales de leche es una, ahí, o puede que unos años después es cuando te planteas que no eres tan simpático y tal vez debieras sacar a relucir alguno que otro de tus encantos. La blackberry, eso, eso sí que te cambia la vida, pasas de ir prácticamente en gallumbos por la calle con un par de talegos en el calcetín para pillar litronas y patatas del supermercado a llevar un bolsito y pantalones con grandes bolsillos donde meter tu móvil, la blackberry, el pendrive y claro, sólo te queda sitio para la tarjeta de débito, así que tienes que cambiar las litronas y las patatuelas por copas de vino y raciones de sepia que es lo que sirven en los sitios donde no está mal pagar con tarjeta (en los frutos secos ponen cara rara, a menos que sean chinos, esos tíos tienen de todo). Unos días después te das cuenta de que has dejado de mandar mensajitos de amor a tu querida mientras cagas y ojear la playboy mientras haces bici estática para enviar correos desde el “trono” y leerlos mientras haces step. Pero es que el amor es muy grande y un buen día oyes a tu “i-compañera” que te pregunta por la “black” y te subes al coche e-mocionado, con tu cámara digital, tu “Black”, el móvil, el portátil y te da igual si no queda sitio donde enchufar el Tom-tom porque de lo e-mocionado que estás decides que vas a usar el mapa que llevas en la guantera, así que esos cien kilómetros de más se convierten en un bonito paseo donde contemplar lo guapa que está después de un día entero de fiesta (las bodas en Cáceres son maratonianas) y la mala cara que tienes tú a pesar de tu estúpida sonrisa.

2 comentarios:

  1. Si, cuando ya van por el tercer acto de la boda, te sientas a la mesa por segunda vez y todavía no has empezado con las copas, se le llama boda de fondo.
    Gana quien sobrevive.
    Cada dia mas tontos y con razón

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  2. Lo mejor es cuando, antes de llegar ni tan siquiera al primer acto de la boda maratoniana, ves que alguien ya se está tirando la cerveza por encima, ¿verdad señor a?

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